TRINCHERAS
DE GLORIA Y MÁRMOL: LA GESTA HEROICA DE NICO PÉREZ DE 1910
Por Mtro. Gervasio Martínez de GM
CAPAYPRY CON EQUIDAD SOCIAL DE FLORIDA en un 3 de noviembre de 2026
Bajo el fuego
cruzado de una patria dividida, un puñado de soldados transformó el cementerio
local en un bastión inexpugnable, sellando con sangre y honor una de las
páginas más conmovedoras de nuestra historia civil, cuyos misterios y
protagonistas de ambos bandos continúan revelándose en los archivos del tiempo.

Introducción
El 3 de noviembre de
1910, los campos de Nico Pérez (hoy José Batlle y Ordóñez) se convirtieron en
el epicentro de un nuevo y feroz enfrentamiento entre hermanos: las fuerzas
gubernamentales coloradas y las vanguardias de la revolución blanca. En el contexto
de la última gran revolución civil uruguaya, este rincón del país presenció un
despliegue de valentía donde el deber, la estrategia y el sacrificio se
fundieron en una jornada inolvidable.
Crónica del
Combate: Sangre sobre el Puente y las Tumbas
La tarde caía como un
manto de plomo cuando las divisiones revolucionarias embistieron contra la
Guarnición del Ejército Nacional. Al mando de los defensores se encontraba el
Teniente Coronel José Polero, liderando con férrea disciplina a los hombres de la
Compañía de Infantería Nº 7.
Superados en número,
los soldados gubernamentales se replegaron tácticamente hacia dos puntos
estratégicos que pasarían a la inmortalidad: la sólida estructura del puente
del ferrocarril y los muros sagrados del cementerio local. Allí, agazapados
entre las tumbas y el suelo de tierra, resistieron durante toda la tarde el
implacable asedio de las metrallas. El eco de los disparos retumbaba entre las
lápidas, transformando el descanso de los difuntos en el escudo de los vivos.
Al día siguiente, el
4 de noviembre, con el parque agotado y tras una madura consulta con sus
oficiales, el Coronel Polero comprendió que toda resistencia posterior sería
completamente inútil. Con la dignidad de los grandes jefes, resolvió capitular.
Si bien
tradicionalmente se atribuyó el movimiento general al revolucionario Basilio
Muñoz en su camino hacia Brasil, las precisiones históricas demuestran que
Muñoz acampaba a una legua de allí, en "Molles del Pescado", habiendo
dado la orden explícita de pasar lejos de la localidad para evitar refriegas
innecesarias. Fueron las fuerzas comandadas por los hermanos Nepomuceno,
Villanueva y Enrique Saravia las que finalmente empeñaron el combate en el
pueblo, motivadas por la toma previa de la localidad ocurrida en 1904. Al
sellarse la capitulación, el bando revolucionario reconoció el valor indomable
de los vencidos; se puso en libertad a los oficiales gubernistas y se les
concedió el máximo honor militar de permitirles conservar y usar sus espadas,
alcanzando así un acuerdo de paz honroso para los defensores del pueblo.
La Gran Tragedia:
Rostros Compartidos en el Hospital Militar
El dolor de la guerra
no distinguió divisas. Horas después del combate, heridos de ambos bandos
yacían en el fragor de la batalla, unidos por la misma desgracia que más tarde
los llevaría a compartir las salas de internación del Hospital Militar de Montevideo.
La crudeza de este episodio quedó registrada para la posteridad en las páginas
de la publicación Vida Nueva (Revista Nacional Ilustrada, 11 de
noviembre de 1910) bajo el elocuente título "La gran tragedia".
Las fotografías de la
época capturaron los rostros de los heridos colorados gubernistas y blancos
revolucionarios, hermanados en el sufrimiento:
- Pedro Fogliano: Alférez del Ejército de
Línea (fallecido en acción).
- N. Silveira Acosta: Oficial Colorado
gubernista.
- Ricardo Peña: Oficial Blanco revolucionario.
- Eustaquio Larrosa: Blanco revolucionario
(veterano rochense de 67 años).
- Combatientes Colorados Gubernistas: Eustaquio
Aguirre, Ciriaco Arriala, Julio Maciel, Bernardo Farias, Genaro Ferrer e
Ismael González.
- Combatientes Blancos Revolucionarios: N.
Silveira, Presilio Silveira, Natalio Martínez y Ángel Belo.
El Contingente
Olimareño y el Rescate de las Identidades
La reconstrucción
minuciosa de este suceso ha sido posible gracias al rescate de las identidades
locales de cada pago, tal como lo han documentado investigadores como Edgardo
Moreira (Florida) y Jorge Carlos Muniz Cuello (Treinta y Tres). Obras fundamentales
como El Solar Olimareño de Luciano Obaldía Goyeneche evocan a la
división de Treinta y Tres que marchó a las armas en aquel 1910.
Bajo la jefatura
principal del Escribano Luciano Macedo, secundado por el estanciero Fructuoso
del Puerto (veterano de 1897 y 1904), este contingente sumó el liderazgo de
Pedro Berro Antuña y Bernabé Noblía (vecino de Nico Pérez), cobijando además en
sus filas al célebre escritor José
Monegal. De aquellos hombres de Treinta y Tres que marcharon a la guerra,
la historia recupera hoy sus nombres:
- Los oficiales y ciudadanos: Mariano Berro
Antuña (hijo del Coronel Bernardo G. Berro), el maestro Arturo Vázquez,
Raúl Gómez Platero y el poeta, futuro escribano y profesor Valentín
R. Macedo.
- Los soldados de la causa: José Acevedo
(hijo), Horacio Acevedo López, Olavo Amaro Macedo, Benigno Arroyal, José
Beraza, Víctor Cosse Acosta, Andrés Crossa, Teótimo Crossa, Segundo Espina
Lavalleja, Ricardo Hierro (hijo), Rafael González, Ignacio Izmendi, Elbio
y Lavandeira Senosiain, N. Madruga, Alfredo Obaldía, Darío Macedo, Pedro
M. Macedo, Enrique Macedo, José Medeiros, Floro y José Olano, Amabilio
Correa Machado, Luis G. Alfonsín y Aurelio Pereira Carrasco.
Conclusión
Reflexiva
Hoy, a más de un
siglo de distancia, las marcas de las metrallas siguen grabadas en el hierro
del puente y en los muros del cementerio, como cicatrices visibles de una
identidad forjada en el conflicto. El proceso para rescatar este legado de la
amnesia colectiva fue largo y riguroso. Gracias al impulso inicial en 2011 del
Arquitecto Eduardo Montemuiño y la gestión de Desarrollo y Turismo liderada por
el Maestro Gervasio Martínez hasta 2020, junto a la IDF y los cursos de
formación de INEFOP, se logró un hito histórico. Aquellas investigaciones y
revistas publicadas para el "Torneo del Saber" de 2012 dieron sus
frutos: el cementerio de Nico Pérez fue integrado formalmente a la Red Uruguaya
de Cementerios Patrimoniales y declarado Monumento Histórico Departamental.
Mensaje Final
La historia no solo
se recuerda; se honra, se debate y se pone en valor. Lo que una vez fue un
escenario de guerra y dolor entre orientales, hoy se erige con orgullo en
congresos de toda Iberoamérica como un ejemplo de rescate patrimonial.
Seguiremos caminando por la senda correcta, reuniendo las investigaciones de
cada rincón de nuestra tierra y custodiando las anécdotas e hitos que nos
identifican como pueblo, para que las futuras generaciones sepan que aquí,
entre estas piedras y vías, se defendió la vida con el alma.
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