SERIE FILOSOFÍA CON THOMAS KUHN Y SUS REVOLUCIONES CIENTÍFICAS Por: Mtro. Gervasio Martínez, para GM CAPAYPRY CON EQUIDAD SOCIAL un 3 de octubre de 2025 hacia 1980

 

SERIE FILOSOFÍA CON THOMAS KUHN Y SUS REVOLUCIONES CIENTÍFICAS
Por: Mtro. Gervasio Martínez, para GM CAPAYPRY CON EQUIDAD SOCIAL
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Estamos en el año 2026, un 3 de octubre, decidimos hacer una viaje imaginario hacia 1980, comenzaba a estudiar profesorado de filosofía, trabajaba como maestro en Canelones y hacía resistencia pacífica contra la dictadura, era muy joven, comenzaba a conocer a uno de los filósofos de la época como Thomas Khun por sus lecturas, por lo tanto para hacer más didáctica el conocimiento de su vida y pensamiento, les propongo este viaje imaginario como entrevistador de radio y hacer una ficción en base a lo que ya he leído y escrito sobre él.

Entrevista Exclusiva: El Giro Historicista de la Ciencia

 

Gervasio Martínez: Estimado Thomas, es un honor tener este espacio con usted. Para empezar, quiero confesarle algo personal. En la década de 1980, mientras era maestro en la Escuela 177 de Vistalinda en Canelones y daba clases de filosofía en el nocturno del liceo de Florida —en plena dictadura en Uruguay—, buscaba literatura innovadora. Encontré sus escritos sobre revoluciones científicas en los libreros de la calle Tristán Narvaja en Montevideo. Ningún profesor me lo había sugerido nunca; era usted demasiado disruptivo para la academia tradicional de la época. A mis 22 años, su lectura me llenó de adrenalina por la libertad. Hoy, usted es uno de mis tres filósofos rectores de la dialéctica, junto a Sócrates y Descartes. Pero volvamos a sus inicios: usted se doctoró en física en Harvard en 1949, ¿cómo terminó en la filosofía y la historia?

Thomas Kuhn: Qué viaje tan fascinante han tenido mis ideas, Gervasio. Me alegra saber que sirvieron de refugio intelectual en momentos tan complejos en Uruguay. Verá, al entrar a la universidad yo estaba indeciso entre la física y las matemáticas. Mi padre, que era ingeniero industrial, me aconsejó la física porque ofrecía salidas laborales fuera de la universidad si la carrera académica fallaba. Seguí su consejo, pero siempre mantuve un pie en las humanidades; de hecho, fui presidente de la revista estudiantil Crimson en Harvard, rodeado de compañeros de letras. Además, tomé créditos en filosofía y me topé con Kant, una influencia que me marcó de por vida.

Gervasio Martínez: Hubo un quiebre fundamental en 1947, cuando aún estaba en Harvard, que cambió su forma de ver la ciencia. ¿Qué ocurrió exactamente?

Thomas Kuhn: Fue un accidente afortunado. Me pidieron interrumpir mis proyectos de física para preparar unas conferencias sobre la mecánica del siglo XVII. Al leer los textos antiguos, me pasaba horas dándole vueltas a la cabeza, preguntándome cómo hombres tan extraordinariamente inteligentes como Aristóteles o Galileo habían podido escribir cosas que hoy nos parecen descabelladas. Hasta que entendí que no podía leerlos con los ojos del presente. Apliqué la hermenéutica: entendí que cada texto tiene sentido dentro de su propia época histórica. De ahí mi frase: «No se comparan las opiniones de Galileo con las actuales sino con las de sus contemporáneos». La hermenéutica me permitió validar esos trabajos como verdadera ciencia, aunque hoy estén descartados.

Gervasio Martínez: Ese fue su salto a la historia de la ciencia para luego saltar a la filosofía de la ciencia. En 1962 publica su obra cumbre, La estructura de las revoluciones científicas, desafiando el modelo formalista que decía que la ciencia progresa de forma uniforme y acumulativa mediante un método científico único. ¿Cómo progresa la ciencia entonces?

Thomas Kuhn: La ciencia no es un camino lineal de acumulación. Se desarrolla en fases muy marcadas. Primero, se establece un paradigma, que es el conjunto de compromisos teóricos, ontológicos y de creencias compartidos por una comunidad científica para resolver problemas. A esto le sigue la fase de ciencia normal, donde los científicos trabajan bajo ese consenso de soluciones universales. Sin embargo, con el tiempo surgen anomalías que el paradigma no puede resolver, lo que nos lleva a una crisis. Esta crisis desata una revolución científica, la cual concluye con el establecimiento de un nuevo paradigma.

Gervasio Martínez: Su libro causó un impacto tremendo, pero no precisamente donde esperaba. Vivía en la Universidad de Berkeley en los años sesenta, un epicentro de ideas liberales y disturbios sociales en plena Guerra Fría. ¿Cuánto influyó ese entorno en su visión y cómo reaccionó la academia?

Thomas Kuhn: Estar en Berkeley me puso en contacto directo con la idea de "revolución" y con cómo los aspectos sociológicos impactan las dinámicas humanas. Curiosamente, mi obra tuvo un éxito inmediato y un gran impacto entre los sociólogos y científicos sociales, pero fui incomprendido y duramente perseguido por los filósofos académicos de mi época. En 1965 tuve una fuerte polémica con Karl Popper. Mis detractores me acusaban de ser un "relativista sociologista" y un "irracionalista", argumentando que yo pretendía que la ciencia avanzaba por prejuicios y pasiones. Siempre me defendí de esas posiciones extremas que me endilgaban.

Gervasio Martínez: En Berkeley también coincidió con Paul Feyerabend, y de forma independiente llegaron a un concepto clave: la inconmensurabilidad. ¿A qué se refiere con esto?

Thomas Kuhn: Paul y yo descubrimos con asombro que habíamos acuñado el término de manera simultánea. La inconmensurabilidad significa que dos paradigmas rivales son, en última instancia, incomparables de forma estrictamente lógica. No existe un lenguaje neutral para medirlos porque cambian los conceptos, el "universo de discurso" (como diría Wittgenstein) y hasta las reglas del juego.

Gervasio Martínez: Hacia el final de su carrera académica, tras pasar por Princeton y el MIT, sus ideas sufrieron una transformación que pocos reivindican, pero que considero fascinante. ¿Cómo cambió su perspectiva en la última etapa?

Thomas Kuhn: En mis últimos años adopté un marcado enfoque darwinista. Abandoné casi por completo el término "paradigma" y redefiní la revolución científica como un proceso de especiación y especialización. Imagine una disciplina científica como una especie que se divide: va acotando su objeto de estudio y alejándose de otras especialidades para sobrevivir y profundizar. Lo único que mantuve intacto hasta el final de mis días fue el concepto de inconmensurabilidad teórica.

Gervasio Martínez: Es una visión verdaderamente disruptiva y fascinante, Thomas. Nos enseña a mirar el conocimiento con una mente abierta a las revoluciones y al cambio. Le agradezco profundamente esta clase magistral de historicismo científico.

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