La
Cuenca Rebelde: El día que los peones de Florida desafiaron al Uruguay de
Nardone y Wilson
El nuevo libro de Pedro Bordaberry
enciende el debate sobre una crónica oculta de los años 50 y 60: la huelga de
los tambos, el populismo radial del "Chicotazo" y una tensión por la
tierra que reverbera en la actual disputa por la ex estancia María Dolores.
Por Mtro. Gervasio Martínez
Epígrafe de la foto; Dos épocas, el
mismo dilema: ¿Quién
representa legítimamente al Uruguay rural? Del paisano que ordeñaba a oscuras
bajo la prédica de Nardone y Wilson, al diseño de los polos de desarrollo
lechero actuales en el mapa de Florida. Medio siglo de historia resumido en el
choque entre la fuerza social del campo y las decisiones que se toman desde los
escritorios del poder.
El Uruguay de
mediados del siglo XX suele recordarse en los manuales de historia como una
"Suiza de América" que se apagaba lentamente entre la nostalgia
batllista y el asfalto de Montevideo. Sin embargo, en el barro profundo del
departamento de Florida, el verdadero motor económico del país —la
cuenca lechera— vivía una revolución silenciosa, incómoda y postergada. La
reciente publicación de ¡Al trabajo y adelante! Vigencia y legado de
Benito Nardone, Chico Tazo, la primera novela histórica del senador Dr.
Pedro Bordaberry, funciona como el detonante perfecto para reabrir un
archivo que pocos quieren tocar: el nacimiento del sindicalismo de los peones
de tambo y su choque con los dos titanes del Uruguay rural, Benito Nardone y
Wilson Ferreira Aldunate.
El grito del
tambo: la Florida que la historia oficial olvidó
Hacia la década de
1940 y 1950, el trabajo en el tambo era sinónimo de una servidumbre moderna.
Jornadas interminables que arrancaban a las tres de la mañana, de lunes a
lunes, sin salarios mínimos regulados ni derechos laborales básicos. En 1953,
la fundación del Sindicato Único de Peones de Tambo en Florida rompió el
pacto del silencio rural.
Los peones ya no eran
"manos invisibles" al servicio de la estancia o el gran tambo; eran
un actor político. Las huelgas que sacudieron la cuenca lechera entre 1955 y
1960 demostraron que el conflicto social uruguayo no se jugaba solo en las fábricas
de Montevideo, sino en los caminos vecinales de Florida.
📻
El choque de discursos: El agro en sus propias palabras
Para entender la
profundidad de la fractura social en la cuenca lechera de la época, basta con
contrastar la retórica radicalmente opuesta con la que Nardone y Wilson se
dirigían al hombre de campo:
- Benito Nardone, "Chicotazo" (Desde el
micrófono de Radio Rural):
"¡Al trabajo
y adelante! Hay que avispar a la campaña contra la rosca de los intermediarios
de Montevideo que se quedan con el sudor de nuestra frente. Pero cuidado,
paisanos: ni a la derecha ni a la izquierda. Esos agitadores vestidos de
comunistas que vienen a armar huelgas en los tambos no quieren el bien del
campo; quieren que la producción se muera para alimentar la burocracia de la
capital. El verdadero enemigo del tambero no es su vecino, es el asfalto
montevideano."
- Wilson Ferreira Aldunate (Discurso reformista en
defensa del trabajador rural):
"La riqueza
de la tierra es de quien la dobla con el lomo, y no puede haber un Uruguay
moderno si mantenemos al peón rural como un ciudadano de segunda clase. Un país
que condena a sus peones de tambo a trabajar de sol a sol sin derechos, es un
país moralmente quebrado. Atender la dignidad y los salarios del campo no es
subversión, es un imperativo de justicia social. Regular el tambo no es matar
la producción; es asegurar que la tierra cumpla su función social."
Nardone y el
dilema ruralista: ¿Unir al campo o frenar al peón?
El mérito del libro
de Bordaberry es rescatar la atmósfera de la época a través de Benito
Nardone ("Chicotazo"), un animal político que, desde los
micrófonos de Radio Rural, construyó un movimiento de masas inédito.
Nardone le dio voz al "interior postergado" contra la burocracia de
la capital.
Sin embargo, la
huelga de los peones expuso las contradicciones de su discurso. Para Nardone,
el enemigo era el centralismo montevideano, no el patrón rural. Al ver que los
sindicatos de peones de Florida sumaban apoyo de sectores de izquierda, el
"Chicotazo" activó un feroz discurso anticomunista. El ruralismo
nardonista funcionó, en gran medida, como un dique de contención: unió a los
pequeños y medianos productores (asfixiados por los precios del Estado) pero
miró con profunda desconfianza la rebelión de los asalariados del campo,
desviando el descontento social hacia el histórico triunfo electoral del
Partido Nacional en 1958.
La respuesta de
Wilson: la vía institucional
La década de 1960
traería la contraparte de este rompecabezas con la emergencia de Wilson
Ferreira Aldunate. Desde el Ministerio de Ganadería (1963-1967), Wilson y
el equipo de la CIDE entendieron lo que Nardone prefirió esquivar: que la
crisis del campo no era solo un problema de "Montevideo contra el
interior", sino una de injusticia estructural interna que requería la
intervención decidida del Estado. Su visión buscaba modernizar la producción y
otorgar derechos plenos al asalariado rural —como los peones de Florida— no por
alineación ideológica con la izquierda, sino como un requisito indispensable
para la estabilidad democrática de la República.
Siglo XXI: La ex
estancia María Dolores como el tablero de la complementariedad
El eco de este debate
histórico no se ha apagado; ha mutado de nombres, pero mantiene intactas sus
raíces políticas e ideológicas en el territorio actual. Hoy, Florida se
convierte nuevamente en el laboratorio de estos modelos, escenificado en la
millonaria inversión en la ex estancia María Dolores, un predio de más de 4.400
hectáreas ubicado estratégicamente sobre la Ruta 6.
A diferencia de las
fracturas del pasado, este proyecto se ha transformado en un ejemplo de
sintonía y acuerdo estratégico entre diferentes niveles del Estado. La
adquisición del inmueble por parte del Instituto Nacional de Colonización
(INC), impulsada bajo la administración nacional del Frente Amplio para
instalar un Polo de Desarrollo Lechero dirigido a pequeños productores, mujeres
y asalariados rurales, conecta directamente con aquellas viejas banderas
wilsonistas del acceso a la tierra y el arraigo familiar en la campaña.
Esta política de
desarrollo rural nacional no compite, sino que se complementa y potencia con la
visión del gobierno departamental de Florida, históricamente liderado por el
Partido Nacional. Lejos de las disputas partidarias, la Intendencia y las
autoridades nacionales coinciden en la pertinencia de dinamizar el sector
lácteo local. Mientras el INC asegura el impacto productivo del predio junto a
las gremiales tamberas, el gobierno de Florida y las intendencias blancas han
sumado esfuerzos proyectando alternativas educativas y tecnológicas para el
histórico casco de la estancia —como la instalación de la UTEC—. Así, la
soberanía sobre el uso del suelo en Florida deja de ser un ring de
confrontación para convertirse en un espacio de consenso donde el sector
público, nacional y departamental, empuja hacia el mismo horizonte productivo.
Un espejo para el
Uruguay de hoy
El libro de Pedro
Bordaberry no es solo un viaje al pasado; es una provocación que estalla en el
presente. Florida fue el escenario social donde chocaron la resistencia
sindical de los peones, el populismo agrario y antiestatista de Nardone, y el
reformismo planificado de Wilson Ferreira.
Hoy, cuando el
destino de la ex estancia María Dolores demuestra que es posible articular los
modelos de desarrollo del Frente Amplio a nivel nacional y del Partido Nacional
a nivel departamental, la crónica de aquella "Cuenca Rebelde" nos
recuerda que los desafíos del Uruguay rural siguen vigentes, pero que los
caminos hacia la justicia social y la producción nacional hoy se construyen
desde el diálogo y la política de Estado.
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