Editorial: Más allá de lo incomprensible (Hacia una geopolítica de la dignidad) un 19 de setiembre de 1902

 

Editorial: Más allá de lo incomprensible (Hacia una geopolítica de la dignidad)

Por: Mtro. Gervasio Martínez, web www.gmcapaypry.site Florida Uruguay. Fecha 19 de setiembre del 2026, basado en otro editorial del 19 de setiembre de 2022







A la distancia del tiempo, recuerdo cuando una querida amiga uruguaya radicada en Venezuela me escribió conmovida y llena de orgullo por las posturas firmes que Uruguay supo mantener en los foros internacionales frente a las autocracias caribeñas. Hoy, la realidad de ese país hermano no ha cambiado; en Venezuela sigue sin haber democracia y el sufrimiento de su pueblo persiste bajo el yugo del régimen. En el plano local, aquel orgullo por la defensa de las libertades públicas en cualquier rincón del planeta sigue tan vigente como siempre, porque es parte de nuestra identidad.

Sin embargo, frente al paso de los gobiernos y las lógicas del poder, resuenan en mí los versos del sabio poeta español León Felipe: "Me duermen con cuentos, me sé todos los cuentos". Y con la misma honestidad intelectual agrego: "Solo digo lo siento, no sé muchas cosas...". Pero entre las pocas cosas que sé, resalta la libertad irrenunciable de pensar, opinar y, sobre todo, dudar.

Hoy nos encontramos ante un nuevo escenario político y el presidente de la República es otro. Al actual mandatario, Yamandú Orsi, con el debido respeto institucional, le cabe la misma responsabilidad histórica: resulta sencillo señalar las deudas democráticas de naciones golpeadas cuando se está en la oposición o en debates selectivos. Lo verdaderamente complejo, y donde se extraña el peso de la voz del Estado uruguayo, es mantener esa misma firmeza ante gigantes como China —con quien el horizonte de un Tratado de Libre Comercio (TLC) se sigue hamacando, ahora bajo el paraguas del Mercosur— o ante los propios Estados Unidos, cuyos altos emisarios nos visitan de forma tangencial mientras despliegan su verdadera influencia en la vecina orilla argentina.

La historia uruguaya nos exige otra estatura. En la década de 1940, a Luis Alberto de Herrera no le tembló el pulso ni la mirada para oponerse a las bases militares estadounidenses en Punta del Este. Soportó insultos y presiones, pero el tiempo le dio la razón a su "tercera posición". Llevamos más de un siglo forjando un Estado de derecho robusto, libertades sólidas y una cultura del acuerdo nacida de la Constitución de 1917. Somos un territorio pequeño, sí, pero un "paisazo" en términos de calidad democrática y derechos humanos.

Por ello, sostengo una mirada innovadora pero jamás ingenua. Si avanzamos hacia la apertura comercial con China —iniciativa que apoyo con este y cualquier país del mundo si es para traer prosperidad—, hagámoslo con la frente en alto. Un tratado internacional no puede reducirse a un mero intercambio de aranceles, carne, soja o celulosa; debe ser también un vehículo de dignidad. Nuestro principal valor de exportación no son solo los alimentos, sino nuestras buenas prácticas de convivencia y nuestro civismo. Tenemos la autoridad moral para dar cátedra.

No podemos callar ante la asfixia de libertades en Hong Kong, ni ante el recuerdo de la Plaza de Tiananmén, ni frente a las opacidades globales, de la misma forma que no debemos callar ante los atropellos de Rusia, Irán, los países árabes o Estados Unidos. Ignorar esto bajo el pretexto del pragmatismo económico es caer en la advertencia de José Gervasio Artigas: es vendernos al "bajo precio de la necesidad". Es repetir el trágico ciclo histórico donde el Río de la Plata se entrega al mejor postor: ayer España, Portugal, Inglaterra o la Unión Soviética; hoy, el eje comercial de China, Rusia o Irán.

Nos encontramos en plena vigencia de una Guerra Fría de carácter comercial y nos obligan, una vez más, a elegir un bando. Utilizando el método mayéutico socrático, la duda cartesiana y la búsqueda de un nuevo paradigma kuhniano, invito a reflexionar con urgencia geopolítica. Las potencias de ambos bloques no se disputan la hidrovía o instalan bases en la región por mera filantropía. Vienen de manera estratégica por nuestros recursos vitales: el agua, el litio y los alimentos.

Frente a esta colisión de imperios, nuestra única y verdadera coraza son cien años de identidad democrática. No es momento de aflojar. La dignidad del país no se negocia en el mostrador del mercado global. Queda abierto el debate.

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