Cuento breve de una historia local El Regreso del Soldado del Río de la Plata: El Viaje de Pedro Laborde
Cuento
breve de una historia local
El
Regreso del Soldado del Río de la Plata: El Viaje de Pedro Laborde
Por
Mtro. Gervasio Martínez, 10 de setiembre de 2026
INTRODUCCIÓN
En la década de 1940, mientras los
campos de la Villa de 25 de AGOSTO continuaban su ritmo parsimonioso al vaivén
de las aguas del río Santa Lucía, el mundo entero se desangraba en el conflicto
más devastador que la humanidad hubiera conocido. Uruguay observaba la Segunda
Guerra Mundial desde una tensa distancia diplomática. Sin embargo, el fuego de
la libertad no entendía de fronteras para algunos de sus hijos. Hubo hombres
que, impulsados por un ideal de justicia, decidieron cambiar la quietud criolla
por el estruendo de los cañones en tierras extranjeras. Entre esos valientes
que desafiaron al Atlántico se encontraba un joven del pueblo: el Cabo Pedro
Laborde.
EL RELATO: DE LOS CAMPOS DE
FLORIDA AL FRENTE EUROPEO
La travesía de Pedro Laborde
comenzó con el silencio de una partida clandestina y el rugido de los motores
de los barcos mercantes británicos que zarpaban desde el puerto de Montevideo.
Dejando atrás los ombúes, las calles de tierra de su Florida natal y los
afectos familiares, cruzó el océano para sumarse a las fuerzas aliadas como
voluntario.
Convertido en el Cabo Laborde,
aquel muchacho de 25 de AGOSTO templó su carácter en los escenarios más
hostiles del planeta. Vistió el uniforme aliado, asimiló la disciplina militar
y compartió trinchera y destino con un grupo selecto de compatriotas que se
negaban a ser simples espectadores de la historia. Marchó junto a hombres que
se volverían leyenda en las crónicas de la repatriación: Duprey, Martínez,
Ricaud y Milano. En el barro europeo y bajo los cielos de fuego de la campaña
aliada, Pedro demostró el coraje indomable del soldado oriental, enfrentando el
frío, el miedo y la metralla en nombre de un mundo libre.
Pasaron los años de pólvora y
pérdida, hasta que en 1945 los cañones finalmente enmudecieron. La victoria
aliada estaba sellada y la libertad recuperada. Para Pedro, la misión en el
frente había terminado, pero la travesía más importante apenas comenzaba: el
camino de regreso al suelo natal.
La primavera de 1945 en Europa,
vio atracar en Montevideo el navío que traía de regreso a los héroes. El
vespertino El Plata inmortalizó el momento en sus portadas: veinte uruguayos
exhaustos pero orgullosos pisaban de nuevo la patria tras haber combatido en
África y Europa. El recibimiento en la capital fue apoteósico, un estallido de
banderas y aplausos. Pero para el Cabo Laborde, los honores de la gran ciudad
eran solo el preámbulo. Su verdadera victoria se consumó cuando el tren detuvo
su marcha en la estación de 25 de AGOSTO. Allí, donde los vecinos lo vieron
partir como un joven soñador, lo recibieron con los brazos abiertos, lágrimas
en los ojos y el pecho henchido de orgullo, cobijando de vuelta al hijo que
había ido a salvar al mundo para traer la paz a su pequeño rincón del universo.
EPÍLOGO
El nombre de Pedro Laborde quedó
grabado con letras de oro en el patrimonio intangible de 25 de AGOSTO. Su
historia nos demuestra que los grandes acontecimientos que transforman el rumbo
de la humanidad no solo se escriben en las grandes capitales ni pertenecen
únicamente a las potencias mundiales; se construyen también con el coraje de
los hombres del interior profundo. Hoy, las calles y el río de su villa natal
custodian el eco de sus pasos, recordando a las futuras generaciones que un
cabo de Florida marchó un día a la guerra para defender la libertad del mundo
entero.
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